Análisis VirtuaVerse

Los futuros distópicos tienen un atractivo enigmático que provoca que nunca nos cansemos de ellos. En los 80, Blade Runner sentó cátedra con una ambientación auténtica y secuencias que forman parte de nuestro recuerdo. Desde entonces, muchas propuestas audivisuales han tomado de base aquel mundo caótico del mañana. Los aventureros recordamos también la popular aventura gráfica de Blade Runner que, a pesar de no ser una adaptación fiel de la trama, supo representar el trasfondo de Los Angeles de 2019. Curiosamente, el año pasado, dejó de ser futuro para nosotros.

Una nueva ración de neones y vanguardia cibernética aterrizará en septiembre de la mano de CD Projekt con su Cyberpunk. Todavía queda mucho para ello, antes vamos a degustar VirtuaVerse, una aventura gráfica ambientada en una ciudad futurista donde todo el mundo está conectado a la realidad permanente.

Los chicos de Theta Division se han estrenado con una aventura gráfica point and click situada en un futuro donde impera la realidad fabricada por chips que se implantan en el cerebro. De esta manera, los ciudadanos ven lo que las grandes corporaciones proyectan. La moralidad no significa nada; lo que cuenta es disfrutar del placer de los excesos. Sin embargo, Nathan no concibe un mundo así. No está conectado a la realidad permanente y, gracias a su buena mano con la informática, puede piratear los sistemas y disponer de accesorios de realidad modificada para conectarse cuando estime necesario. Con sus gafas observa lo que el resto de los humanos presencian a diario: anuncios intrusivos de productos, grafitis reivindicativos y vicio en todas sus vertientes.

Una mañana se despierta bruscamente con sus gafas rotas. Jay, su novia, no se halla allí, pero un mensaje indica que ha tenido que irse por unos asuntos. La cosa no pinta bien. Para contactar con ella necesita reparar las gafas RVA, el primer paso para sacar a su chica del lío en el que se halla envuelta.

En VirtuaVerse la libertad individual no significa nada. Todo el mundo desea tener estímulos positivos a través de una red neuronal donde la ciudadanía está todo el tiempo conectada. Los personajes que iremos conociendo vivirán de diferente manera esta realidad. Individuos esclavos de la conexión permanente; y algunos pocos que no desean ser manipulados y resisten con sus ideales. Tipos así se cruzarán en nuestra aventura, quienes con su ayuda nos harán superar las barreras que nos separan de nuestro objetivo. Desgraciadamente, son solo eso: simples elementos vacíos. El título falla a la hora de definir secundarios que ofrezcan profundidad a la narración. Todos están ahí por el mero hecho de resolver un puzle o adornar la atmósfera caótica. Al final se convierte en la carrera de Jay y Nathan por resolver sus problemas, y queda una sensación de narrativa incompleta. Asimismo, el conflicto de la trama se hace de rogar, teniéndonos inmersos en una introducción demasiado larga hasta el primer punto de giro, momento en el cual el jugador vislumbrará hacia donde se dirige la aventura.

Los puzles de la aventura son relativamente sencillos. Escudriñaremos la pantalla en busca de objetos para añadir a nuestro inventario. Una vez dentro, los podremos combinar con otros de nuestra posesión o de cualquier rincón de la pantalla. A veces será necesario volver atrás para revisar una ubicación ya visitada y recoger objetos, o resolver algún acertijo pendiente. Cuando reparemos las gafas de Nathan, aumentará una pizca la dificultad al tener dos visiones completamente distintas del entorno. Las gafas mostrarán la realidad artificial de la humanidad. Anuncios que nos persiguen y grafitis abismales con sus reclamas. También subirá la dificultad con algunos puzles que no siguen un patrón lógico. Su implementación no guardan demasiada relación con nuestra misión y ni siquiera el diario electrónico que indica nuestros objetivos nos sacará del atolladero. La única solución será el ensayo-error.

A nivel audiovisual VirtuaVerse nos lleva de viaje por un bonito arte pixelart a través de ubicaciones urbanas y sus alrededores. Recorreremos calles húmedas teñidas de colores chillones y zonas de clubs decadentes que albergan clientela de dudosa reputación. Sin embargo, el título se atreve a darnos un respiro de tanta distopía de urbe con lugares raramente presentes en este tipo de ambientes, como zonas selváticas donde la música cañera de sintetizador introduce ritmos más sosegados.

Tras unas 10 horas recorriendo la distopía de la red neuronal de VirtuaVerse, tenemos que decir que el título cumple con la mayoría de elementos jugables para ser recomendado. Y no me cabe duda de que los amantes de la aventura disfrutarán junto a Nathan y Jay en su odisea. No obstante, podría haber quedado un juego más redondo con una mejor estructuración y profundidad en su trama. El estudio ya tendrá tiempo para solucionar estos pequeños flecos en el futuro, tan solo esperamos que VirtuaVerse sea la primera de una serie de nuevas aventuras con su firma.

Arashi
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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.

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