Animal Crossing New Horizons, momentos de evasión

Son días extraños. El confinamiento, la distancia social y la crisis han pasado a formar parte de nuestra jornada. A veces nuestra cabeza emite reminiscencias de escenarios propios de cintas de serie B. Sin embargo, podemos sentirnos afortunados, ya que el ocio de nuestro hogar es el salvoconducto para mantener la cordura en este periodo insólito que nos ha tocado vivir.

Los videojuegos son el billete de partida a mundos fantásticos. Un espacio de evasión para dejar atrás aquello que nos atormenta y disfrutar en un lugar mejor. A finales de marzo se lanzaba Animal Crossing New Horizons, un juego muy esperado y, en estos momentos, muy necesario.

Animal Crossing es una saga difícil de definir; no es un simular de gestión de recursos a lo Havest Moon, ni tampoco uno de vida como Los Sims, pero aúna elementos de estos juegos. La saga nació en Game Cube, pero donde realmente ganó popularidad fue en Nintendo DS con el maravilloso Animal Crossing: Wild World, y precisamente en esa entrega fue donde lo descubrí. Automáticamente quedé prendada por ese simpático pueblo de animalitos, y es que ciertamente jamás había jugado a algo así. Escuchar Animal Crossing hace que aparezca en mí una ligera sonrisa, y a la vez un sentimiento de nostalgia. De repente, un carrusel de imágenes vívidas con aquellos vecinos se proyecta, así como el deseo de que vuelvan para recuperar los años perdidos.

Tras iniciar Animal Crossing New Horizons sentí pena por no ver allí a Déivid de Wild World, el elefantito con el que me reencontré posteriormente en New Leaf. Al menos estaba Melina para reemplazar su ausencia, una gata fiestera de mi pueblo de 3DS. Ya habrá tiempo de reclutar a más, ya que hasta 10 vecinos vivirán en nuestra isla. Por allí no podía faltar el especulador y villano número uno de los videojuegos, Tom Nook, conocido por freír a hipotecas a los pobres incautos que ponen un pie en sus tierras. Me recibió con una calurosa bienvenida y, por unos segundos, -ingenua de mí- pensé que esta vez iba a ser más solidario con los isleños. Aunque cuando me despertó en medio de la noche para pasarme la factura de gastos ya vi que no…

En Animal Crossing New Horizons todo es igual pero diferente. Lo primero que llama la atención es que gráficamente continúa el estilo de la saga pero más limpio, nítido y detallado. La progresión en está entrega es más acentuada al no contar apenas con establecimientos ni herramientas para desarrollar la isla. Nook nos irá guiando en nuestros primeros pasos y poco a poco conseguiremos herramientas básicas para talar y obtener madera, y otras como la pala para extraer minerales. Pero ojo, que tienen una durabilidad determinada. Disponer de materiales para la fabricación de muebles y otros elementos es una de las novedades introducidas en Animal Crossing, otra son las «Millas Nook«, una nueva moneda que se suma a las bayas, pero que se empleará para comprar objetos y mejoras, además de proporcionarnos billetes hacia pequeñas islas. En esos lugares hallaremos vecinos que, con un poco de palique, se mudarán a nuestra isla. También son perfectas para extraer materiales.

La gestión de recursos se complementa con las obras públicas, algo que ya vimos en el spin off ‘Happy Home Designer’ de 3DS. De esta manera nuestra isla florecerá con puentes, rampas, bancos y otras iniciativas vecinales que podremos llevar a cabo para subir la popularidad del lugar. No hay que perder de vista la gestión de la isla y, para ello, tendremos nuestro smartphone, aquí llamado ‘Nookófono‘, el cual también se usará de chat para mandar mensajes a nuestros amigos. Ah, e incluye un fantástico modo foto con filtros. Aún me falta muchos aspectos por ver, como aquellas imágenes que mostraba Nintendo de huertos (¿o lo soñé?) pero de momento disfruto haciendo de mi isla un lugar de ensueño. La personalización ayuda a crear todo tipo de patrones que se pueden imprimir en caminos, camisetas, cuadros, etc. Hay verdaderas locuras por ahí. Echad un ojo:

Hablemos de nuestros vecinos, los animalitos que dan sentido a nuestra vida en un punto tan recóndito. Ahora ejecutan muchas más acciones y se muestran más activos. Uno de los momentos más bonitos que he vivido ha sido cuando vi a Melina cantando en la plaza. Era una melodía que nunca había escuchado en la saga y que irradiaba felicidad. Simplemente me puse a su lado e intenté acompañarla con la ocarina. Unos días después me topé con Melina y Placido cantando a dúo la misma canción. Ahora ya es un habitual verlos canturrear en diferentes puntos de la isla, pero aún me sigue pareciendo muy especial. Como he dicho, no paran quietos, los veremos en ropa de deporte haciendo ejercicio al aire libre, corriendo a lo ninja o simplemente sentados debajo de un árbol disfrutando del día. Además, reaccionan a lo que pasa a su alrededor, como cuando un jugador huye de un enjambre y entra en conversación con cualquiera de ellos. ¡Probadlo! Solo lamento que el jugador no tenga la opción de sentarse a su lado. Al menos tenemos las emociones ya vistas en la saga.

A la espera de reencontrarme con Déivid algún día, paso el rato con mis vecinos, que son bastante majos. Hace poco se mudó un elefante gruñón pero encantador, su nombre es Ramón y siempre está en un estado nostálgico-quejica. Para él, cualquier tiempo pasado fue mejor y me deja perlas tan estupendas como esta:

Ahora es el turno de hablar de los aspectos mejorables de Animal Crossing New Horizons. En particular veo dos puntos a mejorar: la poca interactividad con los objetos y el pobre online. Sobre lo primero, continúa igual a lo visto anteriormente, es decir, la mayor parte de objetos son decorativos. Y es una lástima teniendo algunos mucho potencial. Sin embargo, donde no perdono es en el online. Ir a una isla amiga o traer gente a la nuestra no sirve para mucho más que intercambiar objetos o hacerse fotos. Por ello, los jugadores están usando su imaginación para actos tan diversos como ceremonias de boda en tiempos de crisis o juegos improvisados como el de las sillas. Es bueno recordar que en 3DS disponíamos de una isla para viajar con amigos y competir en mini juegos, lo que vendría a ser un Mario Party en pequeñito. Estoy segura de que está en su lista de tareas ampliar las opciones de multijugador, pero es una característica que debería haber estado de lanzamiento. Posiblemente, si tarda muchos meses en aterrizar, peligrará la fidelidad del jugador.

Sobre los eventos, todos hemos sufrido la pascua, con huevos invasores que malgastaban nuestro tiempo en las actividades del juego. Pescar o cavar acababa con la paciencia de cualquiera al toparse con los malditos huevos. Afortunadamente, hay viejos eventos que han vuelto, como el de los domingos que, gracias a las redes sociales y la conectividad de nuestros días, está trayendo mil y una anécdotas. Como bien sabéis hablo de la compra de nabos, o como servidora lo llama: «domingo de nabos». La vieja vendedora de nabos Juana se ha jubilado y ha puesto a su pupila Juliana en el negocio. Ahora la pequeña nos visita los domingos por la mañana para vendernos nabos. Todos esperamos su llegada con los bolsillos repletos de bayas. Y tras comprar cantidades ingentes, los esparcirnos por nuestro domicilio a la espera de que alcancen un buen precio en la tienda de Tendo y Nendo. No siempre conseguiremos una cantidad alta de venta, así que dependemos de otros jugadores para obtener ganancias. A consecuencia de esto, ha surgido un mercado clandestino de venta de nabos en las redes sociales. Además, existen páginas creadas exclusivamente para la oferta y demanda. En estos lugares podemos ver a jugadores anunciando su precio de venta y las condiciones de entrada a su isla. Algunos de sus requerimientos van desde sumas desproporcionadas de bayas, pasando por muebles exclusivos o varios billetes de millas nook. Cada semana observo atónita como la codicia aumenta.

¡Pero será por eventos! Otro de mis favoritos lo protagoniza Totakeke. Ya he disfrutado de su primera actuación en mi pueblo y me ha inundado la nostalgia. Los créditos del juego junto a la música de Totakeke me lanzó a los tiempos de mi querido Wild Word y casi echo una lagrimita. Estuve hasta altas horas de la madrugada pidiéndole temas. Ojalá pronto instale un local, que echo de menos también aquellas sesiones de DJ Keke en New Leaf. Menudas juergas nos corríamos.

Últimamente me divierto usando el online para descubrir -o asaltar- islas de desconocidos. Rastreo por las redes sociales códigos dodo que me llevan hasta islas del hemisferio sur. Allí pesco buenos ejemplares y vendo mi fruta a un mayor precio. Además, los días posteriores a la compra de nabos busco precios interesantes en el mercado japonés, que al menos los nipones no piden cosas exageradas como los occidentales, je. Desgraciadamente, el online llega a desesperar por su mala implementación en las idas y venidas de jugadores a las islas, ya que queda automáticamente paralizada toda actividad mientras alguien sale o entra en la isla del host. A veces, hay tal tráfico que no puedes moverte durante varios minutos. A pesar de esto, visitar islas de gente de varios puntos del globo permite descubrir la creatividad de la comunidad. He visto jugadores que convierten su casa en un centro comercial y reciben a las visitas como clientes. ¡El roleo ha llegado a Animal Crossing!

Podría decir que Animal Crossing New Horizons reúne lo mejor de la saga y añade novedades jugosas, pero las actualizaciones constantes con nuevo contenido serán clave para que el jugador no deje su isla criando hierbajos. Después de los vicios prolongados de las primeras semanas, ahora dosifico mis ratos para no «quemar» el juego antes de tiempo. A diario me paseo por mi pueblecito, visito a mis vecinos, construyo alguna cosa y observo las novedades en el centro vecinal. Gracias a Canela, no me pierdo lo destacado del día y procuro disfrutar de las actividades que me ofrece la isla.

Animal Crossing New Horizons sigue transmitiéndome esa curiosa sensación de buen humor. Todas las experiencias que vivo en él las atesoro para recordarlas a través de los años, como con la nostalgia que aún perdura de mi vida de aldeana en los pueblos del pasado.

Arashi
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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.

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