Análisis de Streets of Rage 4, las calles son nuestras

Los beat ‘em up tuvieron su época dorada durante los 80 y 90 con multitud de títulos que hicieron las delicias de los jugadores. En aquellos tiempos nos divertíamos dando mamporros por diferentes niveles repletos de enemigos hasta llegar al boss de fase. Recuerdo con cariño Target Renegade 2, Final Fight, Golden Axe y, sobre todo, Streets of Rage 2. Este título se convirtió inmediatamente en mi favorito de Mega Drive, haciendo que alucinara con los niveles detallados, jefes peliagudos y una OST alucinante que a menudo escuchaba desde el menú principal. Los otros juegos de la trilogía estaban bien, pero ni siquiera la secuela pudo superar el buen trabajo de Ayano Koshiro y Yuzo Koshiro de Ancient en Streets of Rage 2. A día de hoy, aún me sorprende que un juego así pueda aguantar tan bien el paso de los años y proporcionar la misma diversión. Quiero invitaros a que echéis un vistazo a la entrevista que traduje de Ayano Koshiro sobre el diseño de SoR2, recoge un montón de detalles interesantes.

Los juegos de «Yo contra el barrio» -o como yo los llamo desde pequeña, de «lucha callejera»- han evolucionado a títulos como Devil May Cry o God of War. Aunque, personalmente, nunca me han acabado de encajar. El formato beat ‘em up ha continuado en su forma más clásica en el videojuego indie con propuestas de la talla de Castle Crashers, donde también se mantenía el juego local de antaño.

Para los amantes del patrón ‘old school’, la llegada de Streets of Rage 4 es una de las mayores alegrías del año. Dotemu es una compañía que está recuperando viejas franquicias y dándoles el cariño que el aficionado desea. Y con Streets of Rage 4 no ha sido menos. El pixelart ha sido sustituido por su evolución natural, los gráficos cartoon, que funcionan de maravilla manteniendo el espíritu del original. Asimismo, también vemos ilustraciones a modo de secuencia al cambiar de fase. Sin embargo, la mejor noticia es que la jugabilidad se sigue sintiendo como la de hace más de 25 años. Las habilidades de Axel y Blaze perduran, lo único que ahora cambia es que no nos sangrará el dedo al ejecutarlos en la cruceta de la Switch (¡ese mando de 3 botones de Mega Drive!). Vuelve el viejo Adam, y se incorporan otros tan geniales de controlar como Cherry. Gracias a la opción de poder cambiar de personaje al comienzo del nivel, nunca nos cansaremos de probar nuevos guerreros.

Otra de las novedades son los combos, que se marcan en pantalla con números llamativos que se van agrandado a medida que acumulamos tortas sin recibir respuesta del enemigo. Por desgracia, se ha eliminado la opción de correr. Y otra cosa más, al consumir objetos de vida (pollos y manzanas, aunque podéis personalizarlo) se sueltan los objetos equipados.

Los masillas del juego siguen apareciendo y cambiando de color en nuestro progreso: Galsia, Donovan, Signal… Esa ponzoña que da gusto romper la crisma, salvo cuando vienen armados con navajas o tuberías… Se incorporan en su filas nuevos enemigo singulares como los tipos chuletas de las manos en los bolsillos (Dylan) o las señoras moteras (Honey) que recuerdan a los riders de SoR2. Entre los bosses tendremos clásicos, así como una gran variedad de fichajes, pero los malotes supremos son Ms. Y y Mr. En general están bastante bien, pero palidecen si los comparamos con los de la trilogía.

Streets of Rage 4 tiene más niveles, pero de menos duración. Repartiremos sopapos por un total de 12 fases donde la variedad es su seña principal. La fase de la comisaría de policía y Chinatown son estupendas, pero la pega es que se hacen muy cortas. Prefiero menos y de mayor duración. Por ejemplo, hay una fase que recupera aquel malvado ascensor del estadio de béisbol o fábrica de munición de Streets of Rage 2, pero aquí carece de la dificultad al caer menos jefes, y por la posibilidad de lanzar enemigos por la borda. Quizá también me faltó un nivel con motos.

Ya que hablamos de dificultad, hay que comentar cómo ha variado el sistema de vidas en el modo historia. Aquí tenemos un número limitado de vidas dependiendo de la dificultad y sumaremos más al llegar a cierto número de puntos. Si nos matan, se puede volver a pasar el nivel desde el principio, con la opción de añadir vidas extra y estrellas sacrificando puntos. En este modo la partida se guarda. El modo más clásico es el ‘arcade‘, sin saves, ni ayudas, para pasarte la partida del tirón. También tenemos el modo combate, para partir los morros a otros jugadores; o el modo combate contra jefes, donde podremos revivir esos frenéticos momentos con los más poderosos de cada nivel.

Los elementos de la trilogía original perduran al desbloquear skins pixelados cuando finalizamos el juego, o las pantallas secretas que nos aguardan en los niveles. Todo ello hace que Streets of Rage 4 sea un título rejugable. Además de poder revivir el juego con el sonido clásico que Yuzo Koshiro creó para SoR1 y SoR2. Ya que hemos nombrado al talentoso compositor, decir que su colaboración musical en Streets of Rage 4 abarca el menú principal, selector de personaje, primera fase y la de los jefes finales. Y me atrevo a afirmar que sus temas son los mejores del juego. También destaca en la banda sonora Motohiro Kawashima, quien ya colaboró con Koshiro en los dos primeros juegos.

Ayano Koshiro junto a Hitoshi Ariga crearon la ilustración del CD de Streets of Rage 4

Terminó tal y como comencé el texto, recordando Streets of Rage 2, un título que para mí significó la culminación del beat ‘em up y el último grande del género. Ningún otro lanzamiento consiguió hacer sombra a la diversión infinita que me proporcionaban sus fases. Además, es uno de los mejores títulos para jugar a dobles. Streets of Rage 4 me ha traído sensaciones muy cercanas a las que experimenté en los 90 y, tras terminarlo, deseé que no fuera el último de la saga. Porque a veces, una cosa tan simple como repartir puñetazos y patadas y avanzar puede ser una de las experiencias más satisfactorias del año.

Arashi
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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.

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