Análisis Creaks

Los aventureros natos reconocen rápidamente el nombre de Amanita Design. Seguramente porque disfrutaron de cada segundo de su bonita aventura gráfica Machinarium. A decir verdad, su nuevo título no es un point and click, ya que pone el género en barbecho para tomar el desvío hacia los plataformas/puzles 2D, pero con una calidad artística de sobra conocida en la casa.

Creaks es el nuevo retoño del estudio, concebido por Radim Jurda y Jan Chlup en Flash durante su tiempo en la universidad. Su proyecto se fue afianzando y ganando nuevo talento hasta que Amanita se fijó en ellos. De Flash saltaron a Unity y, tras 8 años, tenemos en nuestras manos Creaks, el fruto de su duro trabajo.

El curioso protagonista de nuestra historia es un joven con aire despistado. Su vivienda es un desastre. El papel pintado se retuerce en sus cuatro paredes y los cuadros desgastados se balancean en el débil soporte. Sin embargo, el decrépito habitáculo revela un extraño hueco que dirige a un entramado subterráneo de habitaciones y escaleras interminables. Nuestro amigo tiembla como un flan, pero su curiosidad puede más que su miedo y se lanza a explorar hasta dónde abarca ese nuevo mundo.

La idea central de la obra es jugar con la «pareidolia«. Es decir, un fenómeno psicológico donde nuestro cerebro genera erróneamente imágenes. Los objetos proyectan figuras que sabemos que no están ahí pero nuestra cabeza las dibuja. Seguro que os pasa a menudo, y sin necesidad de salir de casa. Mirad el suelo de vuestro cuarto, los motivos de vuestra baldosa seguro que despiertan en vuestro imaginario personajes de todo tipo. O una fachada de un edificio cercano que su desgaste emula un rostro humano.

En el juego lo presenciamos mediante unos perros que custodian estancias. Solo la luz mostrará lo engañada que nos tenía nuestra visión: el can es en realidad una mesilla de noche. Esos seres que proyecta nuestro cerebro son los «creaks», pero ojo con tocarlos en la oscuridad…

La mansión bajo tierra que descubre nuestro protagonista desde su casa abarca un nuevo mundo desconocido. Ese lugar inmenso tiene cuatro lugares diferenciados; secciones con su particular ambientación y seres vivos. Desde el desván hasta una sala de observación científica. Por allí perritos-mesilla o eruditos con forma aviar más amigables, entre otras sorpresas que interrumpirán nuestra marcha descendente. Para sortear los obstáculos se cuenta con nuestro ingenio. En las habitaciones hallamos interruptores, lámparas y varias escaleras. En cuestión de puzles se comienza por lo simple, un interruptor emana el foco de luz sobre un «perro» y este se convierte en mesilla, de esta manera podemos alcanzar la escalera que está sobre él. Después otro donde tendremos que emplear la atracción-despiste: atraer al can, caer por un hueco, hacer que venga por dirección contraria y pulsar el interruptor para transformarlo en mueble. La dificultad se incrementará en enormes habitaciones que disponen de un puñado de creaks y varios objetos con los que interactuar. Simplemente debemos observar y jugar con las posibilidades que se nos presentan. El objetivo siempre es el mismo: seguir hacía abajo.

Amanita siempre acierta eligiendo profesionales para su firma. El trabajo artístico de Radim es cautivador. Creaks respira Machinarium, y extrae el mismo néctar: arte silencioso en movimiento. La mansión subterránea podría protagonizar un cuento de Tim Burton, con decoración que transita a diversos ambientes contemporáneos. Y un ritmo rápido de descenso que envuelve al jugador en su misteriosa atmósfera mientras replica una pregunta: ¿Hasta dónde llevará el eterno recorrido?

La simplicidad de Creaks es su mayor virtud. Resolver puzles que progresan con ligeros matices y tomar escaleras de descenso. A veces contemplar cuadros que ofrecen retales de la historia de ese universo ficticio, junto con personajes que farfullan frases inconexas. Un arte de la pareidolia que ocupará 5h de nuestro tiempo, lo justo y perfecto para degustar otro título simpático y especial de Amanita.

Arashi
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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.

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