The Legend of Zelda Link’s Awakening (to the past)

Recuerdo perfectamente la paliza que le di a mi padre, allá por el año 1995. Vi un anuncio en la «Wallapop» de la época, una revista de compra-venta llamada «Primeramà». Vendían la Game Boy, con Zelda, Wario y Kirby por solo 11.000 ptas. Sólo me compraban videojuegos por el cumpleaños o por Reyes, como a casi todo el mundo. En este caso hice comprender a mi padre que era una oportunidad única. Esa fue mi iniciación con la saga The Legend of Zelda.


Seguramente es la vez que más le di la tabarra a mi padre para que me comprara algo, y es que nunca había sido caprichoso, no era ese tipo de niño. Supongo que mi padre entendió, al ponerme tan pesado, que realmente era una gran compra y valía la pena, además de tener una oportunidad de hacerme feliz, que eso siempre es bien (creo recordar que también utilicé el mágico truco de «así no necesito la tele y no molesto»). Me la compró, y gocé durante meses de Wario, Kirby (bueno, este durante horas solo porque era bien cortito) y Zelda Link’s Awakening. Tardes y tardes consumiendo pilas, bajando el volumen y subiendo al máximo el contraste de esa maravillosa consola.

Jugar a la Game Boy era distinto a jugar en mi Master System o mi Super Nintendo. Era más íntimo, eras tú y el videojuego. Nadie podía ver la pantalla al mismo tiempo que tú, nadie te iba a ayudar. Tardé meses en pasarme el título, lo cogía con ganas y daba vueltas y vueltas cada vez que me atascaba. Recorría todo el mapeado usando cada objeto nuevo que había conseguido, cavando con la pala toda la tierra cavable (y te aseguro que era casi toda), y mil cosas locas para saber como avanzar. No había otra forma, intuición de chaval VS juego en inglés.

Poco a poco y de manera sumamente gratificante pasaba los acertijos. Recuerdo con mucha ilusión el leer a una «estatua búho» un «in the soles», cavar en el suelo y encontrar una caracola. Eso fue lo único que entendí de todo el inglés del juego. En mazmorras, mi primer grandísimo escollo fue en la segunda. Esa habitación en la que mucha gente se atascaría hoy en día si no fueran a ver un vídeo en YouTube o una guía. Sí, la de los tres enemigos a los que hay que matar en un orden. Era impropio ver puzles en un videojuego cuando era chaval, y más de esa forma.

Otro momento de tirar la Game Boy por la ventana fue la séptima mazmorra, la de las columnas. Me tiré semanas para comprender que tirándome por los agujeros podía caer a zonas inexploradas y avanzar con la «bola» a la última habitación con columna fue todo un desafío. También recuerdo como difícil el jefe final en el huevo, uno de esos clásicos momentos de romperse la cabeza contra la pared, con sus múltiples transformaciones y mi primer «tenis» oficial de los muchos que iba a jugar en Zelda (ya sabéis, el enemigo tira una bola y tú la repeles con la espada para devolvérsela).

Fue todo un reto, cada mazmorra, desde la primera, y sobretodo a partir de la segunda, fue un desafío. Incluso la mecánica de encontrar una llave o resolver un puzle para entrar en ellas me parecía fascinante, estaba viviendo una auténtica aventura. Nunca olvidaré momentos como el de llevar al «fantasma» a su casa, que aparece de repente a lo largo de la aventura persiguiéndote, o el que resucitas a un «Cucco» para utilizarlo y planear hasta lugares de otra forma inaccesibles. Por supuesto, los momentos con Marin, en la playa, o cuando te enseña la melodía para tu ocarina.

Definitivamente debería hablar también de su banda sonora. No hay mejor momento que el momento del principio, ir a la playa solamente con el escudo y coger por primera vez la espada. Comienza de forma sublime el «overworld» de Zelda, una maravilla con un inicio flipante que me hacía crear de vez en cuando partidas nuevas solo para escucharlo de esa forma (también molaba usar el truco de llamarse «ZELDA», sigue funcionando en el remake). «Tal Tal Heights» es una de las canciones más aventureras y emocionantes que he escuchado nunca en un videojuego, su versión en Switch suena bien, pero nada llega al alma como un buen sonido 8bits de GameBoy.

Después de pasarme este juegazo en su día, pedí para los Reyes «The Legend of Zelda A Link to the Past» para Super Nintendo, sería mi segundo Zelda, y si te digo la verdad, no me pareció ni la mitad de mágico, aunque sí otro gran juego.

Contándote todo esto, puedes imaginar mi reacción ante el anuncio del remake en el Nintendo Direct de hace unos meses. Grité de alegría nada más ver la escena de la tormenta hacia el final de ese direct y como colofón. Todos los que jugamos al original, supimos ipsofacto de qué se trataba, pues esa increíble escena introductoria se sucedía cada vez que conectábamos nuestra Game Boy para ayudar a Link en esta asombrosa aventura.

El 20 de septiembre se lanzó por fin ese anunciado remake del «The Legend of Zelda Link’s Awakening». Prometía ser fiel al original, y vaya si lo es. Tras esa nueva estética redonda y colorista, se esconde con algunos ajustes, exactamente el mismo título que salió en Game Boy en 1992.

«Link’s Awakening» siempre ha sido tratado como un Zelda de tapadillo, un Zelda al que poca gente tenía en cuenta existiendo «The Legend of Zelda A Link to the Past», el juego de Super Nintendo lanzado un tiempo antes que compartía algunas similitudes. Sin embargo, «Link’s Awakening» era el primero de lo que yo llamo la «Saga Zelda sin Zelda», es decir, esos Zelda «de segunda» que no tienen a la princesa de Hyrule dentro de su marco argumental. Al igual que «Link’s Awakening» es una especie de juego alternativo a «A Link to the Past», el primer juego 3D de la saga también tuvo su juego paralelo. Hablo de Ocarina of Time y Majora’s Mask, que también reaprovechaba motor y mecánicas pero con otro director (el estreno de Aonuma), que se envalentonó a crear uno de los juegos más oscuros de la saga. Otro de mis favoritos.

Con este artículo solo pretendía viajar al pasado una vez más. Grandes recuerdos conservo de mi Game Boy y este Zelda, y la nostalgia se ha apoderado de mí al repasarlo en este nuevo remake para Switch. Un juego atemporal que te recomiendo jugar ahora si nunca lo hiciste. Alucinarás con la joya que te perdiste para GameBoy. Que el pez volador te acompañe.

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Museboy

Como la mayoría de vosotros, crecí jugando a videojuegos y ahora intento transmitir toda la pasión por este mundo en La Fortaleza de LeChuck. También busco ofertas de videojuegos. Seguidme en Twitter y sabréis de qué hablo.
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