Pokémon Espada y Escudo, una oportunidad perdida

Cuando una franquicia desembarca en otro sistema, siempre se genera gran expectación alrededor. En el caso de Pokémon, tras años en la pequeña portátil, por fin iba a volar a Switch. Los aficionados degustamos las imágenes prelanzamiento con furor, esperando que el producto final cumpliera con nuestros deseos a nivel gráfico y jugable. Sin embargo, meses previos al lanzamiento de Pokémon Espada/Escudo los fans sufrieron varios disgustos que fueron menguando su ilusión. El más notable fue el recorte que iba a sufrir la Pokédex, que encendió una llama que los de Gamefreak no supieron apagar. Más tarde, con la salida del juego, problemas más serios se evidenciaron. Pokémon Espada/Escudo constata una vez más el eterno problema que sufre actualmente la industria, el de los juegos que salen antes del horno.

Personalmente, he seguido la saga principal desde sus inicios en Gameboy. No me considero una fan acérrima pero si paso muy buenos ratos recorriendo las rutas y conociendo a los personajes pintorescos de cada pueblo. Para mí jugar a Pokémon simboliza una conexión con la infancia y me recuerda aquel afán de buscar aventuras en el exterior. Desgraciadamente, no percibí apenas ese sentimiento jugando a Pokémon Espada. Y, posiblemente, si no me lo hubieran regalado no estaría escribiendo aquí estas líneas.

Mi primera impresión al iniciar el título fue que la base del juego era la de siempre: un mapa con pueblos y pokémons salvajes, entrenadores a los que derrotar y un jefe final. Pocas sorpresas en la aventura. Y ni mundo abierto ni gaitas, tan solo un área abierta llamada zona silvestre que tiene como finalidad capturar pokémons de más nivel y participar en incursiones. Bueno, pero esto no tiene importancia si la historia y personajes son interesantes, ¿verdad? Pues siento deciros que no, y ahí radica el principal problemón de Pokémon Espada/Escudo, en una narrativa poco inspirada e insulsa. Sin embargo, no viene de ahora, Pokémon Sol/Luna pecaba de lo mismo, y con un claro enfoque hacia el público novato o infantil. La última entrega buena que recuerdo fue Pokémon X/Y para 3DS, la cual contaba con una historia bastante interesante y personajes secundarios bien definidos.

La historia de Pokemon Espada (mi versión) se inicia junto a Paul, un amigo de la infancia que aspira como nuestro personaje a convertirse en maestro pokémon y usurpar el podio a su hermano, un tipo popular en toda la región de Galar que siempre aparecerá de la nada para sacar las castañas del fuego a los chavales. Después de escoger nuestro pokémon inicial, nos lanzaremos a la aventura de completar la pokédex por el habitual camino entre zonas de hierba alta (recordatorio: ya no hay encuentros aleatorios) y pueblos. Nuestro colega, que es la cosa más cansina que ha surgido en la saga, irá emergiendo de vez en cuando para pedirnos un combate. El NO es una opción, pero por desgracia es necesario indicar SÍ para avanzar. Este sujeto representa el más que exprimido cliché japonés de NPC inepto pero tremendamente enérgico. Otro cliché por antonomasia de las producciones japonesas es el de tsundere, es decir, un personaje con muy mal humor, y en el juego lo tenemos por partida doble: Berto y Roxy. Por ahí también pulula Rose, el presidente de la liga Pokémon de Galar, cuyas apariciones no tienen demasiado sentido y se reducen en su mayor parte al ámbito humorístico.

A pesar de que los secundarios son totalmente olvidables, podríamos vivir con ello si la leyenda del fenómeno Dinamax tuviera un mínimo nivel de complejidad, con pedacitos dosificados a través de nuestra progresión. Sin embargo, no se vislumbra nada de ello en el título. No han sabido contar adecuadamente esa subtrama ni la han encajado como dios manda con el resto. Como consecuencia, han desperdiciado una de las partes más interesantes de la narrativa de Pokémon Espada/Escudo. En este punto es donde más emana lo que contaba al comienzo del análisis: el juego ha sufrido una planificación inadecuada. Las intervenciones de Sonia, la científica novata, sobre el fenómeno Dinamax son una forma de aplicar «parches» de última hora sobre este relato, pero caen por su propio peso. En definitiva, al no existir un hilo conducto sólido la trama avanza a trompicones.

Dejadme hablaros de la dificultad, un apartado donde entran los combates pokémon y los puzles de los gimnasios. Estamos ante los combates más sencillos de toda la saga. Puedes tener 10 niveles por debajo a tus pokémon y prescindir de debilidades y fortalezas, incluso hacer caso omiso de los objetos o MTs (muchas y reutilizables) ya que vais a acabar con cualquier oponente que se os ponga por delante. Por si eso no fuera grave ya de por sí, los npcs que están en la antesala del gimnasio os insistirán con simplezas como que el agua puede contra el fuego. Pero no es solo uno, sino varios los que ofrecen estas «pistas». Para vivir el reto hay que visitar la zona silvestre y entrar junto a otros jugadores en incursiones, el multijugador que me hubiera encantado probar si el sistema hubiera encontrado jugadores, pero no fue así en ninguno de los niveles ni en mis numerosos intentos. Un pago de online de un mes para nada.

En el apartado visual, los gráficos podrían haber estado varios escalones por encima para ser Switch. Por ejemplo, la distancia de dibujado es verdaderamente escasa en la zona silvestre. En cuanto a las animaciones y los planos cinematográficos introducidos, funcionan muy bien y ayudan a que los combates o las secuencias sean mucho más llamativas. La música me ha gustado mucho; buenos temas nuevos con esencia clásica.

Pokémon Espada y Escudo falla en demasiados aspectos vitales como para considerarlo un título para recomendar. Ni siquiera el giro desesperado del final salva la desafortunada narrativa, la cual está compuesta de muchas piezas que no encajan por ninguno de sus lados y solo contribuyen a desorientar al jugador constantemente. Después de pasármelo en apenas 20 horas descubrí que a más a más es un título corto.

Gamefreak necesita una ración de valentía para romper con la ya quemada base de Pokémon y abrazar nuevas sendas que vuelvan a ilusionar al jugador. Solo después de destruir se puede construir un mundo nuevo lleno de historias junto a nuestros Pokémon.

Arashi
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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.

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