Análisis Wolfenstein Youngblood

En nuestra trayectoria como videojugadores, hemos machacado cantidades ingentes de monstruos con formas inverosímiles y humanos mutados en cosas muy extrañas. Si nos vamos a un plano un poco más civilizado, nos ha tocado eliminar grupos infinitos de bandidos y maleantes de diversa calaña. Asimismo, multitud de ellos han sido extraídos de nuestra propia historia, como los nazis, un grupo que nunca falta en juegos de tiros, y que nos encanta hacer picadillo.

No es ningún secreto que Wolfenstein desde sus inicios -hace ya más de 25 años- es un juego mata nazis. Sin embargo, se apoya en un humor retorcido muy particular para mitigar el drama de uno de los episodios más oscuros de nuestra historia. Tú, un arma y la misión de acabar con el dominio de este grupo infame sobre la faz de la Tierra. ¿Estás preparado para volver a la acción?

Previously on Wolfenstein II: The New Colossus… nuestro querido Blasco y la energética Anya dieron palos y tiros como miembros de la revolución que liberó EE.UU. del control Nazi. Y todo eso a las puertas de ser papás. Por favor, recordemos por un momento la mítica escena de Anya con el torso al aire masacrando nazis *aplausos*. Tras la liberación del país, vemos al comienzo de Wolfenstein Youngblood que ambos se trasladaron al rancho familiar para criar a sus hijas sin olvidar que la amenaza seguía fuera de sus fronteras. Por esta razón, sus hijas gemelas, Jessie y Zofia (a.k.a Jess y Soph), desde bien jóvenes recibieron entrenamiento en las artes del combate por parte de sus progenitores. Ahora, siendo adolescentes, tienen el poder y el deseo de aplastar al despiadado enemigo. La revolución en Francia contra los nazis se teje en las cloacas laberínticas de la ciudad, un buen lugar para continuar con la rebelión y a su vez buscar a su padre desaparecido.

Wolfenstein Youngblood es un juego pensando para jugar en cooperativo. Es decir, si juegas solo y dejas que la máquina controle a la otra chica, te pierdes un 50% (o más) de diversión. Para lograr una experiencia completa y ahorrar unos cuantos cuartos, la edición «deluxe» incluye el «pase amigo» mediante el cual el poseedor del juego puede invitar sin coste adicional a un colega que no disponga de él. Ya lo vimos en A Way Out, así que solo puedo quitarme el sombrero ante estas iniciativas. También hay que celebrar la implementación del cooperativo en un juego de estas características. Solo les ha faltado la pantalla partida… Pues a lo que iba, ambos jugadores deciden a qué gemela van a controlar, rubia o morena, y a partir de ahí solo es cuestión de lanzarse a las calles de París a pegar tiros a las SS y sus vehículos mortíferos.

Este juego es una secuela directa de The New Colossus pero con espíritu de spin off. No cuenta con muchas novedades jugables más allá de las nuevas habilidades de las gemelas o las skins que podemos comprar con las monedas que hallamos en el juego (o en nuestra cartera). Simplemente es seguir disfrutando del buen hacer en cuanto a diseño de niveles y, como no, de matar a nazis. Tan simple y efectivo como esto. La historia no es nada del otro jueves pero tiene sus momentos sensacionales marca de la casa gracias al papel de las chicas que rebosan simpatía y locura juvenil. Será de lo más habitual verlas comentar la jugada mientras vuelan cabezas, y es que amenizan cada instante con sus comentarios, incluso los monótonos ratos de ascensor se vuelven divertidos con sus ocurrencias.

Los niveles siguen la misma línea de juegos anteriores gracias a la colaboración de Arkane Studios, lo que quiere decir que habrán pasadizos secretos, azoteas, ventanas abiertas y demás accesos por los que tomar atajos para descubrir coleccionables y sorprender al enemigo en las bastas calles de París. Al final del nivel nos toparemos con jefes que tendrán ataques especiales. Por ejemplo, un enemigo que hace dos ataques de zona, uno en el piso superior y otro en la inferior, y si no estamos en el adecuado… byebye. También hay otros que no será tanto de disparar, sino de jugar con el escenario para mandarlo al otro barrio.

La cooperación en Wolfenstein Youngblood está especialmente pensaba para que nadie se adentre en las zonas como un lobo solitario y haga toda la faena. Yo he jugado en nivel normal con mi compi Museboy y la dificultad era bastante más elevada de lo que estamos acostumbrados. Meterse uno solo en una zona con mini jefes o enemigos con vehículos acabará a los pocos segundos con una de las chicas en el suelo pidiendo asistencia. Y no llegar a tiempo significa perder una vida conjunta. Compartir vidas es otro indicativo de que no hay que tomar riesgos innecesarios si no queremos tener que repetir ciertas partes. Otra de las tareas conjuntas que haremos frecuentemente es abrir cajas de vida y levantar persianas que nos dan la bienvenida a nuevos niveles. Una forma como cualquier otra de reagruparse y deja de hacer el púber desbocado por nuestra cuenta.

A nivel gráfico se ve de maravilla como nos tienen acostumbrados desde la franquicia, y sin duda se nota el salto de calidad respecto a anteriores juegos de Bethesda. El diseño de personajes y los entornos se ven más realistas y definidos sin perder parte de los rasgos más caricaturescos de siempre. Las animaciones posiblemente sea lo que más me ha sorprendido al representar a la perfección los gestos y posturas burlonas de las chicas. Todo ello queda muy bien acompañado con la música potente que no defrauda en cada entrega. Rock & Roll, girls!

Wolfenstein Youngblood es un juego diseñado para que te lo pases bien junto a un colega. Es cierto que no ofrece grandes innovaciones jugables pero sigue haciendo tan bien como de costumbre el diseño de niveles y la acción a raudales, ingredientes suficientes para considerarlo un título ideal para este verano.

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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.
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