Análisis The Lion’s Song

The Lion’s Song es una aventura gráfica dividida en cuatro episodios enfocados en las mentes creativas de principios del siglo XX en Austria. Originalmente, el título fue creado en la Ludum Dare 30 y posteriormente pasó por Steam Greenlight donde consiguió la aprobación de la comunidad. Ahora, tras su paso por Steam y dispositivos móviles, esta pequeña joya aterriza en Nintendo Switch. Preparaos para emprender un maravilloso viaje en busca de la inspiración.

The Lion’s Song ha sido desarrollado por el estudio austriaco Mi’pu’mi, cuyo lema es “los buenos juegos no tienen que ser grandes” y define perfectamente el espíritu del título. Estamos ante una aventura point and click ambientada en la Viena de principios del siglo XX, donde la música, el arte y las ciencias tenían un gran peso en la sociedad. En este periodo de grandes corrientes intelectuales, tres personajes tratarán de evolucionar y dejar atrás aquello que les aleja de su meta.

En el primer episodio de The Lion’s Song nos presentan a Wilma, una compositora con un futuro prometedor. Su profesor, Arthur, ejerce tal presión sobre ella que la chica entra en un bloqueo mental con el que es incapaz de componer. Wilma, aconsejada por Arthur, se retira unos días a la cabaña de éste con el fin de recuperar su inspiración. Allí, alejada de la civilización, tendrá que enfrentarse a sus miedos e inseguridades con el fin de cumplir su sueño. Un caso similar lo hallamos en el segundo episodio con Franz, un pintor que busca desesperadamente el reconocimiento a su arte basado en extraer las capas ocultas de las personas.

The Lion's Song

The Lion’s Song nos envuelve en la cultura vienesa a través de bellas melodías y gráficos pixelados. Dentro de esta encantadora atmósfera, el juego nos hace meditar sobre la presión que la sociedad ejerce y la que nos imponemos nosotros mismos. Solo la paciencia y la perseverancia nos hará llegar hasta la cima. Pero lidiar con la sociedad de la época será también todo un reto. El más claro ejemplo de superación lo tenemos en Emma, una brillante matemática que desea formar parte de “La Radio”, un selecto club de eruditos que se reúnen en una sala privada de una lujosa cafetería. El grupo, consumido por los celos y prejuicios, menosprecia el trabajo de la joven por tratarse de una mujer. Pero Emma no se da por vencida y esquiva todas las zancadillas hasta darles una lección de humildad y profesionalidad.

Es realmente interesante como la aventura refleja los temores de los protagonistas a través del sonido y las frases que se agitan en pantalla, lo cual transmite de forma eficaz una vorágine de sentimientos hacia el jugador. De repente, un ambiente sosegado se transforma en incertidumbre; una inesperada llamada o un recuerdo triste pueden desestabilizarnos en un instante. Solo la determinación de nuestros genios hará que borren las dudas de su mente y así alcanzar su gran pieza maestra.

Si hablamos de mecánicas, hay que señalar que no estamos ante una aventura gráfica al uso. Podremos situarnos sobre objetos, usarlos y observarlos haciendo clic con el botón izquierdo del ratón, pero no hay inventario. Tampoco nos desplazamos libremente por las pantallas, tan solo podemos apretar el botón izquierdo del ratón sobre el destino y automáticamente nos trasladaremos al lugar. Por lo tanto, es un juego lineal y sencillo con una pauta de acciones establecidas. En Nintendo Switch, el stick izquierdo y el botón A hacen la función del ratón. Durante los diálogos, existe la posibilidad de elegir frases que representan decisiones sutiles y estas repercutirán en el final de cada episodio. De hecho, los desarrolladores indican que se trata más de una aventura estilo Telltale en lugar de un juego de puzles, ya que buscan crear un impacto social mediante la interacción y las decisiones del jugador.

El florecimiento cultural de aquellos años se oscurece con al ambiente bélico del cuarto episodio, una despedida donde confluyen las anteriores historias y decisiones. Cuatro desconocidos se topan en un tren con destino a un lugar poco agradable. Simplemente, un final digno de esta experiencia.

El apartado artístico de The Lion’s Song es sobresaliente. Los grandes píxeles son adorables, y los tonos sepia nos recuerdan a la época en la que se sitúa el juego, plasmando a la perfección la melancolía de los personajes, quienes se hallan sumidos en una incertidumbre que les separa de conseguir su gran obra. Sobre el apartado sonoro, podríamos decir que es lo que da sentido al juego: el tenue silencio, sonidos ambientales, ligeras melodías y trozos de la obra de Wilma que se van tejiendo a medida que el temor desaparece. Los que como yo adoran la música, y tienen una especial fijación en su uso en los videojuegos, van a disfrutarlo el doble.

The Lion's Song

The Lion’s Song es una serie de 4 episodios donde cada personaje lucha con ahínco por superar los obstáculos, pero también es un viaje por los sentimientos más humanos y relaciones sociales en el contexto histórico de la ilustre Viena de principios de siglo.

Nada más terminar, me entraron unas ganas terribles de visitar Viena y recorrer las distintas localizaciones del juego. Sentí el anhelo de escuchar la música de un refinado violín u observar el arte expuesto en las hermosas calles de la ciudad. Sin duda, The Lion’s Song es una de esas pequeñas obras de arte que dejan huella y te dan una bocanada de inspiración para que como Wilma, Franz y Emma no dejes morir tus sueños.

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Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.
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