Análisis Octopath Traveler

Disfruto tanto jugando en Switch que estoy deseando recibir juegos de mis géneros favoritos. Por eso, el anuncio del JRPG Octopath Traveler fue una alegría para mí y representa otra de las grandes incorporaciones al catálogo de la consola.

Los que somos amantes de los JRPG clásicos, quedamos cautivados por la nostalgia que desprendía su apartado gráfico, y captamos cierto regustillo a FFVI. En cada tráiler las similitudes con Final Fantasy VI parecían cada vez más evidentes. Así que para evitar confusiones, Square Enix desmintió que tuviera relación más allá de lo estético. Después de varias vueltas a la demo, ya pudimos hacernos una pequeña idea: No era FFVI, pero el juego tenía carisma.

A diferencia del clásico de Square, la trama de Octopath Traveler se basa exclusivamente en las historias de nuestros 8 personajes. Dicho en otras palabras: no hay misión principal. Nada más empezar el juego, observaremos en el mapamundi donde se halla cada uno de ellos, y al llegar al pueblo en cuestión, comenzará su historia. En la secuencia del prólogo, se darán unas pinceladas a los orígenes de los miembros que, más tarde, se dividirán en unos cuantos episodios.

Solo podemos llevar a 4 miembros a la vez, el resto descansará en la posada.

El objetivo del juego es simple: completar los episodios de cada personaje. Sin embargo, lo extraño es que, al ser un juego donde la narrativa se centra en el grupo, nuestros chicos no interaccionan entre sí de forma natural, lo hacen mediante una especie de anexo. Me explico: después de un hecho importante, nos puede aparecer en pantalla el aviso de que tenemos una conversación entre personajes disponible. Al activarla, dos miembros charlarán en un espacio aparte. Es decir, los diálogos no están integrados en la aventura y es como un añadido que se ha desarrollado de forma independiente.

La narrativa es el principal punto flaco del juego debido a la falta de un hilo conductor, además de la extraña separación de los diálogos del grupo, y por todo ello se siente como una ocasión perdida a nivel argumentativo. Aún así me parecieron muy disfrutables la mayoría de historias, por ejemplo la de Tressa, la simpática mercader de Aguascalmas que sueña con ver mundo. También es muy entretenida la del erudito y el misterio detrás de un viejo libro. No obstante, yo me decanté por PrimRose como personaje principal, una chica que baila en un club mientras espera consumar su venganza.

Afortunadamente, el mundo está repleto de retos en sus numerosas mazmorras y dispone de pueblos con sus pequeñas historias que no dan posibilidad al aburrimiento. Mientras caminaba por la ribera del río, vi un tipo agachado junto a un pobre infeliz que yacía sin vida. Me explicó que deseaba enterrarlo pero para ello necesitaba conocer su nombre. También recuerdo al pobre anciano que se había perdido en su viaje a Arroyoclaro. Cada misión secundaria tiene una resolución diferente, y no necesariamente la hallaremos en la misma zona del mapa. Algunas exigen usar las habilidades de nuestro grupo a un cierto nivel o comprar/encontrar objetos. La variedad que ofrecen estas sidequest hará que no echemos tanto de menos una trama principal.

Octopath Traveler sigue la senda de los clásicos JRPGs con el mítico sistema de turnos. Tenemos ataque básico, habilidades, objetos y defensa. La novedad más destacada es el “impulso“, una barra que se carga al atacar y que, al activarla, el personaje ejecutará una serie de poderosos golpes consecutivos. Para ello, es importante tener en cuenta que cada enemigo es débil a un determinado elemento y arma, y si queremos salir airosos de los combates contra jefes, es imprescindible romper su defensa dándole donde más duele. El juego llama a esta acción “rotura”, es decir, el bicho se queda atontado y pierde unos turnos, lo que nos viene de perlas para cargar contra él. Si no conseguimos efectuar roturas, será complicado alzarnos con la victoria, y algunos bicharracos necesitarán muchos golpes hasta conseguirlo.

A medida que ganemos experiencia y subamos de nivel, obtendremos puntos para gastar en nuevas habilidades, y al mismo tiempo desbloquearemos algunas técnicas conjuntas destinadas a la colaboración entre dos personajes. Algunos miembros de nuestro grupo tendrán habilidades muy similares, como Primrose, la bailarina; y Ophilia, la clérigo, con su “seducir” y “guiar” respectivamente. En este caso, estos poderes transforman a los NPCs en una especie de invocaciones con un número de usos limitado. Para no perder el tiempo con paquetes, antes de sumar nuevas incorporaciones podremos tantear el nivel del elegido y su técnica. Esta habilidad es una de mis favoritas, sobre todo si tenemos en cuenta que por ahí existen verdaderos portentos, como una anciana que fiché que pegaba cada garrotazo que casi me hizo la faena contra un jefe duro. Otra de mis técnicas favoritas es el robo, ideal para ahorrar monedillas. Así que servidora iba de pueblo en pueblo vaciando los bolsillos, aunque algunos tenían un porcentaje de dificultad demasiado alto y tenía que tirar de mi chica mercader para negociar honradamente.

Octopatch Traveler ha insertado el sistema de trabajos de una forma muy sencilla: si viajamos por lo largo y ancho del mundo tropezaremos con grutas secretas donde yacen los trabajos. Todos ellos se equipan como un objeto, por lo tanto solo se puede seleccionar uno por personaje. Los trabajos ampliarán las habilidades y uso de armas de nuestros chicos para que tengan más posibilidades ahí fuera. Aunque, bajo mi opinión, teniendo profesiones innatas tan marcadas y conectadas con su historia, es bastante innecesario crear estas “mezclas”.

Otro de los elementos que me han decepcionado es la escasa movilidad e interactividad de los NPCs de los pueblos. Veremos numerosos individuos poblar cada localización pero están parados como estatuas y no hacen ni un mínimo gesto. Un pequeño número nos ofrecerá misiones secundarias tras nuestra primera visita, pero en conjunto transmite una sensación de decorado estático. Si echamos la vista atrás, los clásicos trataban a los NPCs con cariño nutriéndoles con un pequeño diálogo y movimiento. Lo he echado mucho en falta.

Los adoradores del pixelart disfrutarán con Octopath Traveler como nunca. El juego simula gráficos de ayer en entornos 3D con el uso del motor Unreal, es así como los sprites “poligonizados” se combinan con modernos efectos de iluminación. Asimismo, la cámara fija es la encargada de presentar esa apariencia de viejo cuento que al pasar sus paginas los fondos cobran vida. De hecho, la edición especial incluye un “libro desplegable en 3D” que es un reflejo de lo que os cuento. Estas sencillas técnicas transforman en mágicos momentos los recorridos por los pasadizos que nos llevan hasta mazmorras ocultas, o a aquellos tesoros que vislumbramos a lo lejos y parecen a simple vista inaccesibles.

Nuestro viaje nos llevará por ciudades nevadas, montañas escarpadas, frondosos bosques…

Es simplemente encantador pasear por el muelle del pueblecito costero de Aguascalmas mientras sopla una agradable brisa marina y las olas mecen las aguas. Y allí a lo alto los rayos del sol marcan nuestro camino. Pero un JRPG sin una banda sonora remarcable no sería lo mismo, por suerte el estudio ha contado con la maestría de Yasutomo Nishiki -un desconocido para mí hasta la fecha-, que da intensidad a cada momento y rememora la generación 16 bits de forma magistral. En Octopath Traveler lo nuevo y viejo fluyen en completa armonía.

A pesar de las carencias comentadas unas líneas más arriba, Octopath Traveler es el camino a seguir para llevar la época dorada de los JRPG a los nuevos tiempos. El título es un diamante en bruto que hay que seguir puliendo para  que saque todo su brillo. Espero que no sea lo último que escuchemos bajo este nombre.

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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.
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