Celeste, el duro ascenso hasta la autoaceptación

Lunes, 7 de la mañana. Aún es temprano pero el bochorno comienza a hacerse palpable. Anoche apuraste el fin de semana jugando unas partidas de más y hoy pagas las consecuencias. «Tendría que haberme acostado antes», te dices arrepentido, y de repente recuerdas cómo te castigas con esa frase casi a diario, pero la necesidad de alargar al máximo tu tiempo libre a costa de horas de sueño se vuelve una necesidad para mantenerte a flote. Mientras tomas una taza de café echas un vistazo rápido a las redes sociales. Abres Facebook, y comienzas a hacer scroll. Algunos contactos han compartido videos absurdos; otros, el tema viral del día y por ahí no faltan los asiduos a Mr Wonderful con sus patrañas supuestamente motivadoras que esgrimen cosas como «¡la vida está hecha de momentos felices!». Suficiente. Coges la mochila y sales por la puerta para enfrentarte a la verdadera realidad.

Allá donde vayas y mires por donde mires, te golpeará un mensaje de felicidad continua. La obligación por transmitir un reflejo de nosotros mismos disfrazado de sonrisas. Un mundo donde la tristeza es tabú, y quien entra en un estado de melancolía es debido a una mala racha o simplemente desea sentirse así. Pero no lo cuentes ni lo compartas, a nadie le interesa una persona que no rezuma citas de Mr Wonderful.

A lo largo de estos años, nos han llegado juegos de temática social que mediante el uso de la fantasía ofrecen un mensaje realista de nuestro mundo con la intención de hacer reflexionar al jugador de que hay otro camino posible. Uno de los últimos títulos con temática social es Celeste, un plataformas/acción que es la antítesis de ese delgado manto de felicidad que nos impone nuestra sociedad.

Madeline es la protagonista de nuestra historia, una chica que sufre depresión. Un buen día decide emprender un viaje a la peligrosa montaña Celeste para enfrentarse a la oscuridad de su interior y enterrarla así para siempre. El ascenso hasta la cima se ha cobrado la vida de muchos escaladores, pero aún así la joven está convencida a escalarla. Durante su avance caerá en la cuenta de que no es tan fácil como imaginaba, e irá sufriendo la dureza de la montaña tanto a nivel físico como psíquico.

Celeste es uno de esos juegos con un nivel de dificultad por encima de la media, es decir, un título no recomendado a jugadores con poca paciencia, ya que la mayoría de sus niveles consisten en una persistente prueba y error. Puedes morir tranquilamente 500 veces por fase, o incluso más si decides coleccionar todas las fresas escondidas. Pero como ventaja, se revive en la misma pantalla donde hemos sido eliminados.

 

Sin embargo, la dificultad gradual de Celeste no es un mero capricho, sino que está ligada a la depresión de Madeline y los brotes que va sufriendo durante el ascenso. Allí arriba, su delicado estado mental provoca que los miedos afloren y los ataques de ansiedad la superen en determinadas ocasiones. Asimismo, su lado oscuro se irá haciendo cada vez más fuerte hasta tomar forma propia ahogando sus energías con mensajes de «nunca lo conseguirás» o «ríndete de una vez». La lucha constante de Madeline por eliminar esa parte de su interior lo experimentará el jugador en forma de niveles desafiantes donde no hay lugar para el error. Saltos perfectos, velocidad y tiempo de reacción afinados son lo que se espera de nosotros a los mandos. Y todo ello aderezado por la deslumbrante banda sonora de Lena Raine repleta de temas frenéticos, inquietantes y también alegres, unas piezas chiptune que están a otro nivel.

Por suerte, durante la travesía Madeline conocerá a un compañero que también sufre una crisis, ese es Theo, un chico adicto a las selfies que hará que la escalada sea más llevadera con pequeñas escenas de paz y diálogos desenfadados. Personalmente, uno de los momentos que más me marcaron de Celeste tiene lugar durante un pequeño descanso junto a una hoguera donde ambos amigos comparten sus miedos más profundos. «Me preocupa nunca llegar a averiguar hacia adónde me dirijo». Confesiones tan cercanas como sinceras con las que seguramente nos habremos sentido identificados en algún momento de nuestras vidas.

 

Desgraciadamente, los humanos no tenemos un interruptor mágico para eliminar la tristeza de nuestro ser. Ni va a desaparecer aquello que nos atormenta por mucho que repitamos frases positivas. Tampoco un esfuerzo sobrehumano es garantía de éxito. Sin embargo, el mensaje que transmite Celeste ante aquello que nos aflige es realista y sincero: no trates de combatirlo y derrotarlo, acéptalo como parte de ti.

La recta final de Celeste posiblemente haya sido una de las pruebas más duras tanto para Madeline como para mi misma, pero sin duda fue el momento donde conectamos al 100%. Ambas tuvimos que enfrentarnos contra ese lado oscuro que repetía constantemente «no lo vas a conseguir, déjalo estar». Pero había una extraña energía que nos empujaba a seguir intentándolo. Quería cumplir con Madeline lo imposible, y cada vez que dejábamos atrás una señal indicando los metros que restaban hasta la cima era una pequeña victoria. Caímos una vez tras otra, y aunque sabíamos que la derrota era una opción aceptable, esta vez nos tocó triunfar.

 

Celeste ha sido un juego retador, intimista, sincero y arrollador. Una experiencia que revuelve tu psique y hace plantearte nuevos caminos. Un cambio de perspectiva junto a Madeline que nos lanza hacia un proceso de aprendizaje para aceptarnos a nosotros mismos, con todo lo bueno y malo que llevamos a nuestras espaldas. En definitiva, un juego de gran impacto emocional que merece ser jugado por todo amante del videojuego.

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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.
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