Análisis Dark Souls Remastered

¡Visite Lordran! Vuelva a recorrer sus calles repletas de amables huecos y adéntrese sin miedo en sus decrépitos parajes decorados con abominaciones nunca vistas. La majestuosidad de Anor Londo y una calurosa bienvenida de sus arqueros le harán sentirse como en casa. No se lo piense más y compre un billete para Dark Souls Remastered.
¿Cuándo fue la última vez que sentiste la tensión en tus carnes? Un escalofrío que recorre todo tu cuerpo al divisar criaturas esperpénticas y ser arrojado por estas violentamente hasta la casilla de salida. ¡Ay, querido jugador! Ya debes saber que en Dark Souls no hay piedad; tan solo lecciones de aprendizaje. Los veteranos conocen muy bien esa sensación, sobre todo aquellos valientes que tomaron el desafío el día de salida. Éramos pocos, muy pocos en aquel entonces pero supimos disfrutar del sufrimiento. Podéis echar un ojo a mi análisis añejo.

¿Qué nos atrajo de Dark Souls? Posiblemente el aire clásico mazmorrero, el cual se había difuminado ante un género RPG cada vez más dado a una narrativa basada en decisiones y accesible para todo tipo de públicos. En Dark Souls la historia está ahí, revuelta entre descripciones de objetos y frases inverosímiles de npcs, que más tarde la comunidad le ha ido buscando el sentido con mucha imaginación. No obstante, no era necesario entender ni papa, ya que su jugabilidad arrolladora lo eclipsaba todo. Las mazmorras tenían personalidad, y algo tan frustrante como caminar a oscuras con una antorcha por un laberinto de fango y paupérrimas plataformas era tan tremendamente emocionante como sádico. Pero tras infinitas muertes y vueltas en círculo, hallar la deseada hoguera te daba un impulso de energía alucinante. Por no hablar de matar a un jefe duro…

Las hogueras, una nueva forma de felicidad

Dark Souls es uno de esos pocos juegos que establece una fuerte conexión con el jugador. Tus 5 sentidos están puestos en la acción y tus logros y fracasos se viven intensamente. Otra de las razones por las que me volví adicta a Dark Souls es su multijugador. Invocar y ser invocado. Invadir y ser invadido. Representar el papel del buen samaritano o del mezquino. Ambas vertientes tenían recompensa si salías victorioso. También podías formar parte de esa división a través de los mensajes: “salta y luego cofre”, y partirte los huesos. O “adelante hoguera”, y llorar de felicidad. Los jugadores tenían el poder de crear un mundo más cruel o amable con sus acciones.

Recuerdo con cariño mensajes de odio de invasores desterrados, o el drama de dejar una marca escondida para que mi amigo -y no el guiri de turno- me invocara. ¡Ah! Y ahora recuerdo que el juego no permitía chat de voz en Xbox 360. ¡Qué tiempos!

Esa cola rica mnn

El despertar de Youtube hizo mucho por Dark Souls, y numerosos canales se nutrieron con videos de opiniones y gameplays del título. Y con el crecimiento de la plataforma, pasó de juego de nicho a mainstream. Gracias a su popularidad, tuvimos una estupenda trilogía, e incluso From Software lanzó un sucedáneo llamado Bloodborne. Pero no solo eso, otras compañías se subieron al carro de las múltiples muertes y curioso online, si no que se lo digan a Nioh.

Dark Souls Remastered llega 7 años después para ofrecer 1080p de resolución y la fluidez de los 60 fps, una inyección de potencia que se echaba en falta después de jugar a los últimos de la saga. Por otro lado, y aunque rompa un poco con el espíritu de soledad del original, se incluye en el modo online la invocación con contraseña y hasta 6 jugadores en la partida. Por lo demás, es el mismo juego, aquel que convirtió nuestras emociones en una montaña rusa. Un juego que en muchas ocasiones pensamos en abandonar tras ser derrotados una vez tras otra. Y que, además, fue el causante de la compra de un nuevo mando por ahí.

Dark Souls Remastered es, en definitiva, el mismo juego pero rejuvenecido para nuevos y viejos jugadores. Y otra oportunidad para disfrutar de una forma de hacer RPGs que había quedado anclada en el pasado.

Que tengas suerte en tu viaje, no muerto, y recuerda: ¡Bendito sea el sol!

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Arashi

Aparte de patear traseros de piratas como gobernadora en Mêlée, soy una fanática de los videojuegos desde que de pequeña me regalaron la Atari 2600. Adoro las aventuras gráficas y los RPG, pero no le hago ascos al resto. Otra de mis pasiones es todo lo relacionado con Japón.
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