Remakes: Entre la vagancia y el dinero fácil

Te sientas tranquilamente delante del ordenador, lo enciendes, y mientras te tomas un -inserte aquí su bebida favorita-, empiezas a ojear tus páginas preferidas sobre videojuegos (empezando por la que tienes de inicio, La Fortaleza de LeChuck, por supuesto). Has tenido un mal día en clase o en la oficina, pero de repente una noticia te anima la tarde: Se anuncia el remake de uno de los juegos que antaño más te hicieron disfrutar. Esa joya atemporal imprescindible que forma parte por méritos propios de tu Panteón de los Dioses Digitales, y de la que guardas tan grato recuerdo. Lees el avance y, aunque los detalles no están muy claros, te prometen un lavado de cara gráfico, una remasterización HD, sonido envolvente digital y puede que incluso unos cuantos extras jugosos que te hacen salivar cual perro de Pavlov. Un pensamiento involuntario recorre tu mente como un rayo… “Si el título original ya de por sí era una obra maestra, esta nueva versión ha de ser LA versión definitiva¿¡Qué podría salir mal!?”. Inocente…
He estado tentado de colocar en el prólogo de este artículo un aviso de “Dramatización”, pero por desgracia más de uno hemos sentido algo parecido en los últimos tiempos con el relanzamiento de algún título clásico. En los últimos años han proliferado los reboots, remasterizaciones o reimaginaciones de cantidad de franquicias míticas. Tirar del factor nostalgia es algo recurrente en el mundo del videojuego, quizás el sector del ocio dónde más se aprovecha este factor atrayente. Tomb Raider, Monkey Island, Resident Evil, Silent Hill… nombres que son sinónimo de éxito de masas garantizado, a pesar de que en dichas sagas existen entregas de muy dudoso calibre.
Una de las claves de esta práctica es lo poco que tradicionalmente arriesgan las compañías desarrolladoras. Algo que no tiene porque ser malo ya que, aunque a veces lo podamos olvidar, cuando hablamos de videojuegos estamos hablando de un negocio que mueve mucho, mucho dinero. Es lógico, obvio y lícito que las compañías pretendan sacar beneficio con sus juegos. Invertir demasiado en un producto innovador que luego resulte un fiasco de ventas ha llevado a más de una desarrolladora a las puertas de la quiebra, y si no que le pregunten a THQ con su experimento del uDraw, a Majesco con el juego Psychonauts de Double Fine, alabado por crítica y público pero fracaso absoluto en tiendas (algo que ha remediado con el tiempo las plataformas digitales), o a Sega con su pantagruélica saga Shenmue
Psychonauts: Éxito en crítica, fracaso en ventas. Redimido por el gran público gracias a las descargas digitales
Debido a ello es más fácil encontrar nombres conocidos en los títulos de lanzamiento que nuevas grandes propuestas, y si no, os propongo que si seguís cualquier E3 o feria importante del videojuego bebáis un chupito cada vez que una gran compañía hable de una nueva IP. A lo mejor toca trago cuando hable Ubisoft, que es últimamente la más lanzada en este sentido, pero poco más. Os garantizo que acabada la feria estaréis sobrios. Sin embargo no lo hagáis al revés, o acabaréis en el hospital aquejados de un severo coma etílico.
Volviendo al tema de los remakes, lo cierto es que si pensamos en ello parecen una gran idea. Es un producto que a priori cuesta menos dinero de llevar a cabo que un juego que se tenga que empezar de cero, y puede ser la excusa perfecta para enganchar a nuevos jugadores, además de tener asegurado al público nostálgico, que a la postre suele ser el sector mayoritario que comprará el juego. Personalmente, me he sentido en numerosas ocasiones como el alma inocente de la entradilla, y he caído en la compra de muchas de estas, por lo general, polémicas puestas al día.
Microsoft anunció hace días Fable Anniversary, remake del primer Fable, y desde entonces Elaine sigue dando saltos

Uno puede tener una mala experiencia, y en este sentido la primera que me viene a la mente es ese despropósito llamado Silent Hill HD Collection. A la compilación de los imprescindibles Silent Hill 2 y 3 (el 1 y sobretodo el 4, que tiene menos excusa, brillan por su ausencia…) el maquillaje les sentó fatal, y más que disimular las arrugas de la edad afearon aún más el rostro del exponente del terror psicológico de Konami. Un port hecho con desgana y que nos obliga a poner la PS2 y jugar a los originales para no perder esa impresión de obras magnas que nos causaron en su momento.

Una experiencia parecida la vivimos con Zone Of The Enders HD Collection (seguimos para bingo con Konami), aunque en esta ocasión los juegos no salen tan mal parados. El port es aceptable, aunque es increíble que en PS3 el juego (sobretodo 2nd Runner) se ralentice en los mismos puntos que lo hacía el original en PS2, y además tenga unas caídas de framerate impropias de la plataforma en la que corre. Aún así, es más decepcionante los pocos extras que aporta esta versión, máxime sabiendo lo que le gusta a Kojima cuidar sus productos. En ZoE HD éstos no van más allá de un vídeo nuevo, muy espectacular eso sí, pero nada más. Por 40 euros que salen a la venta estos remakes uno espera como consumidor, quizás algo iluso, al menos una presentación y una limpieza de cara a la altura de cuando salió el original, pero traspasado a nuestros días.

Las empresas han encontrado un filón, y prácticamente cualquier gran saga de anteriores generaciones ha tenido su oportunidad. Por desgracia en este fenómeno hay casos directamente de auténtica tomadura de pelo. Hay un juego reciente que ha sido el detonante de este artículo, y ya anticipo que para eso es para lo único que puede servir, para generar textos de odio justificado y rabia visceral regurgitada a través de teclados cabeceados con saña tras probarlo. En un principio no hubiera querido ni darle publicidad, pero me temo que no me hubiera expresado igual de haberlo omitido. Ese infame juego es el remake de Double Dragon 2, un truño infecto para olvidar que se puede encontrar en el Xbox Live.

 

Personalmente me duele que se aprovechen nombres míticos para arrastrar por el fango legados legendarios, pero es más sangrante si hablamos de Double Dragon 2, una de las recreativas de mi infancia a las que guardo más cariño. El remake es incómodo, frustrante, mal implementado, poco o nada divertido, gráficamente horrible, repleto de bugs, realizado con estudiada pereza, y en definitiva se mea en todo lo que representa uno de los iconos de culto de las recreativas. Y encima cuesta la friolera de 1200 Microsoft Points. Se puede asegurar que es el mayor atraco de la historia de los videojuegos. Gravity Corporation: que no me entere nunca de la dirección de vuestras oficinas. Nunca.

 

En definitiva, es evidente que la nostalgia y la idealización que hacemos de muchos juegos es una mina para las compañías. Vivimos en una era ‘revival’, en la que abrazamos lo retro, y no todos los remakes o reboots son nefastos, por supuesto, esos son simplemente los que debemos evitar. Hay reimaginaciones muy interesantes, como el mencionado Tomb Raider de Crystal Dynamics, los Castlevania de MercurySteam, e incluso Splatterhouse se puso al día con un juego bastante decente. Por otro lado hay jugadores que gracias a los remakes HD han podido conocer y disfrutar de joyas como ICO y Shadow Of The Colossus. Y esta será la tendencia futura, sobretodo tras comprobar lo que las próximas nuevas consolas piensan aportar en temas de retrocompatibilidad (es decir, nada). Próximamente veremos la salida de remakes anunciados, como DuckTales, Flashback, Tales of Symphonia Chronicles, Fable Anniversary o Mickey Mouse: Castle of Illusion. Todos títulos muy interesantes. Quiero volver al ser puro e inocente que fui una vez y preguntarme a mí mismo con ilusión… “¿¡Qué podría salir mal!?”.
LeChuck

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Desde las profundidades del Caribe vigilo los mares.
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