Análisis Shadow of the Colossus

Quizás hoy en día estamos bastante acostumbrados a recibir propuestas arriesgadas en el mundo del videojuego. El formato digital, con menos riesgo de costes y mayor accesibilidad para desarrollar videojuegos, nos permite hoy en día jugar a títulos que no alcanzan las cotas de producción de los AAA, pero sí intentar sorprender con mecánicas jugables originales o simples pero inspiradas. Allá por el año 2006, era muy difícil que un juego partiera en dos las leyes establecidas en cuanto a lo que tiene que ser un videojuego de aventuras. El Team ICO lo hizo, anteriormente con ICO, que se ganó su “caché” con el boca a boca, y después con Shadow of the Colossus, la obra magna de Fumito Ueda, que ahora llega a PS4 en forma de remake.

Wander, nuestro protagonista, encuentra una supuesta forma de resucitar a Mono, la “chica de la película”, sacrificada por ser portadora de algún tipo de maldición. Esta forma no es otra que pedírselo explícitamente a los dioses en la tierra prohibida. En la introducción del juego vemos como después de un largo camino, el protagonista llega con Mono y a lomos de Agro, su yegua, al templo que centraliza estas inhóspitas tierras. En su interior, se encuentra con un gran número de sombras que caen ante la antigua espada que porta. Dormin, el misterioso Dios de la tierra maldita, despierta y nos propone eliminar a los 16 colosos que dominan la zona para resucitar, a cambio, a Mono. Aquí comienza nuestra aventura contra los colosos.

La mecánica jugable de Shadow of the Colossus se basa en resolver el “puzle” de como y donde atacar a cada uno de los colosos. Partiendo del templo, lo primero que deberemos hacer para descubrir donde está nuestro objetivo (los colosos se combaten por un orden establecido que no puedes saltarte) es alzar la espada al aire. La luz reflejará en nuestro arma y la usaremos de brújula hasta que encontremos la dirección donde toda la luz se funde en un punto. Sabiendo hacia donde debemos de ir, nunca o casi nunca será ir en línea recta hasta ese punto, pues el abierto y solitario mapeado nos invitará a explorar y encontrar el camino adecuado para llegar a cada coloso.

Cuando encontramos el remoto lugar donde un coloso yace, se despertará y comenzará la acción del juego, después de una maravillosa cinemática que nos introduce a nuestro objetivo. La mayoría de colosos son de un tamaño considerable y en todos ellos deberemos encontrar un punto débil, ayudándonos de nuestras herramientas y nuestro entorno. Wander tiene una gran capacidad para escalar, así que será una de las cosas que más hagamos en el juego, a parte de recorrer el entorno sobre Agro. El primero coloso será sencillo, a modo de tutorial, y caminará sin apenas ofrecer resistencia, casi sin ver peligro en nuestro protagonista. Aprovecharemos el pelaje que posee desde la zona de abajo de las patas para encaramarnos y apuñalarle donde más le duele, una especie de tatuaje luminoso que posee cada uno de los colosos en su cuerpo, el cual podremos detectar, una vez más, con el haz luminoso de nuestra espada (siempre que haya luz que pueda reflejarse).

Espera, entonces ¿solo se trata de eso?. Puede que parezca poco en primera instancia, pero estarás un buen rato dándole vueltas a como aprovechar tus habilidades y entorno para acabar con cada coloso, cada uno con sus propiedades y forma única de ser derribado. A parte de esto, también debemos explorar el mapeado en busca de frutas y largartos de cola blanca, además de algunos secretos y detalles. Las frutas las distinguirás colgando en algunos árboles bastante característicos, y sirven para aumentar tu barra de vida. Los lagartos, suelen estar situados en los templos de descanso, donde también podremos guardar partida. Estos son bien escurridizos así que pondrán a prueba nuestra paciencia a base de bien hasta que consigamos arrancarles la cola y conseguir aumentar con ello la resistencia, vital para mantenernos firmes ante los forcejeos con los colosos.

Los controles de Shadow of the Colossus han sido algo refinados en este remake, conservando su personalidad y dureza. El juego basa su jugabilidad en la forma de agarrarse a los salientes y pelaje, los saltos con una inercia propia y de lo más fantástica, y el control de nuestro caballo Agro, que en su día fue todo un ejemplo como el caballo más realista visto en un videojuego gracias a sus animaciones y su forma “animal” de responder a nuestros controles. Por supuesto, conserva esas virtudes y seguimos notando como controlamos las riendas y no a Agro en sí, lo que ayuda a crear toda la ambientación fantástica del juego. Todos los controles de Shadow of the Colossus están diseñados a lo que podríamos llamar “Team ICO style”, es decir, “no puedes controlarlo todo al 100% y que salga perfecto porque cada uno de tus movimientos y reacciones son distintas”. Una maravilla para algunos que vimos también en The Last Guardian, y una barrera para otros, que prefieren que todo responda como si fuera un robot que recibe nuestras órdenes de forma instantánea.

El diseño del mapeado, como en el original, da esa sensación de tierras inhóspitas constantemente. Recorreremos grandes páramos al galope y peligrosos senderos asegurando cada paso. Shadow of the Colossus es un juego muy de horizonte, de mirar al final, donde llegue nuestra vista para ser llamados por la curiosidad de los confines. Un gran lago con cascadas de fondo, un inerte desierto, zonas montañosas de gran desnivel, áreas planas de gran luminosidad o un frondoso bosque en un día lluvioso, todo lo encontramos de forma orgánica de camino a cada uno de los colosos, y da gusto atravesarlos siempre acompañados de Agro, el caballo con más personalidad de los videojuegos (no pares mucho tiempo a contemplar el paisaje que se te va de parranda).

El trabajo técnico de BluePoint a la hora de rehacer el juego es escándaloso y digno de admiración. Bien difícil ha debido ser para el equipo respetar tanto la obra original y volver a vestir a Shadow of the Colossus con un apartado técnico totalmente nuevo. Todo el cúmulo de sentimientos que el juego nos ofrecía en PS2 están impregnados de la misma forma, y todos los detalles siguen ahí, pero el juego se ha puesto al día de una forma majestuosa y permite jugar y disfrutar del título a los nuevos jugadores que quizás veían algo envejecido el juego original de 2006 (un portento técnico en su día del que soy gran defensor). Si el apartado artístico y sensaciones impresionaban en el juego de PS2, este remake conserva todas esas virtudes y la añade unos buenos millones de polígonos y texturas en alta resolución, superlativo si juegas con HDR y la versión 4K en PS4 Pro.

En conclusión, Shadow of the Colossus es un juego muy, muy especial, un auténtico juego de autor que derrocha arte por los cuatro costados. Aún así, no está hecha la miel para la boca del asno, sin querer llamarte animal de ninguna manera, pero puede ser perfectamente que lo que busques en un videojuego no sea vivir esta aventura. Y eso no tiene porque ser malo, pero probablemente te estás perdiendo la mejor de las aventuras que jamás vivirás. Shadow of the Colossus es un juego atemporal, quizás no necesitaba un remake especialmente, porque el apartado artístico y ambientación del original siguen vigentes hoy en día, pero su inesperado remake ha sido toda una ofrenda a los jugadores, así que simplemente debes jugarlo.

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Museboy

Como la mayoría de vosotros, crecí jugando a videojuegos y ahora intento transmitir toda la pasión por este mundo en La Fortaleza de LeChuck. También amo la tecnología. Seguidme en Twitter y sabréis de qué hablo.
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