Análisis Finding Paradise

Hace ya siete años, en 2011, un juego apareció prácticamente de la nada para convertirse gradualmente en uno de los favoritos del público. En La Fortaleza le rendimos su más que merecida entrada, cuando empezaba a hacerse famoso gracias al boca-oreja. Además, había que averiguar por qué un juego hecho con una herramienta de creación tan básica como RPG Maker fue capaz ese año de obtener el premio a “Mejor historia” en los premios que otorga Gamespot, venciendo en la votación de ese curso nada menos que a Catherine, Ghost Trick: Phantom Detective, Portal 2 y Xenoblade Chronicles. Para más detalles sobre To The Moon, que ese era el nombre del juego, os remitimos a dicha entrada, porque ya han pasado siete años, que se han hecho largos para los que esperaban la continuación de una historia que fue capaz de divertirnos con su pareja de protagonistas, y sobretodo de emocionarnos y conmovernos, hasta el punto que desde entonces las compañías de pañuelos de papel trabajan más que nunca y viven instaladas en una burbuja de lujos y grandes ganancias. La pregunta que seguramente se hará alguien que haya jugado a To The Moon es: ¿Voy a tener que volver a secarme los lagrimones con Finding Paradise?

Knocking on Heaven’s Door

Puede que sea un poco exagerado, y siempre habrá quien diga que To The Moon no le emocionó tanto, y que al fin y al cabo esos gráficos pixelados le sacan de la historia. Esa persona probablemente tampoco haga caso a la cantidad de premios, y reconocimiento de crítica y jugadores alabando la trama y desenlace que contenía esa primera entrega. Porque efectivamente, ahora ya podemos tratar To the Moon oficialmente como una saga: “Sigmund Corp. Series”, basándose en el nombre de la compañía científico/médica de ciencia ficción dedicada a conceder últimos deseos a los moribundos, a través de unas máquinas que permiten introducirse en la mente de sus pacientes y cambiar sus recuerdos a través de la línea cronológica gracias a mementos vividos.

Para matar el gusanillo durante estos siete años en el Tíbet (metafóricamente), el autor de la obra nos ha ido alimentando la espera con dos mini-episodios gratuitos de media hora que actúan a modo de interludio -si tenemos To The Moon en GOG o Steam se añadieron gratuitamente en un parche-, y una especie de fábula onírica que se sitúa antes de esta segunda parte real, llamada A Bird Story, cuyo protagonista en realidad es el de Finding Paradise cuando era niño, aunque no es imprescindible jugarlo para entender la trama de la secuela (aunque sí recomendable).

Si en la primera parte el paciente Johnny nos pedía que reconstruyeramos los fragmentos de su vida de tal forma que pudiera cumplir el sueño de haber estado en la luna, en Finding Paradise, Colin Reeds… En fin, Colin, es un caso extraño (ningún caso aquí es “normal”, la vida de Johnny también escondía mucho más de lo que se atisbaba a simple vista). Colin ha tenido lo que podíamos considerar una vida plena. Ha disfrutado una vida con el trabajo que siempre quiso, siendo piloto de aviones, ha tenido amigos, se ha enamorado, tiene mujer e hijo… Siente que su vida ha sido feliz, pero a pesar de ello no está satisfecho. Sufre al pensar que a pesar de todo, podría haber sido mejor de algún modo. Por ello, quiere que nuestra pareja de doctores protagonistas actúen y consigan que pueda irse al otro barrio con esa felicidad que necesita antes de morir, pero, condición innegociable, sin modificar ni tocar nada de los recuerdos relacionados con su familia.

In My Time of Dying

La premisa de esta serie personalmente me parece muy interesante. Hasta qué punto para alguien es real, o incluso moral, cambiar los recuerdos vividos cuando se está al borde la muerte, ya en un coma inducido. No parece que hagamos ningún mal a nadie, y aunque en estos casos particulares, tanto Johnny como Colin no quieren olvidar a sus seres queridos, sabemos por otros doctores que la gran mayoría de pacientes que contrata Sigmund Corp., lo hace para cambiar su vida radicalmente e irse a la muerte pensando -creyendo, sabiendo- que han sido estrellas del rock, multimillonarios, y en general celebridades de éxito mundial.

Colin no busca nada de esto, no es otro paciente egoísta con necesidad de sentir que su vida y obra ha trascendido más allá de lo que la mayoría de mortales dejan como legado. Y eso es lo más preocupante, como cuando dices aquello de “¿qué le regalas a alguien que se supone que lo tiene todo?”. Y en este caso, a alguien que no quiere que cambies prácticamente nada. El encargo pinta difícil, y más cuando por algún motivo en vez de viajar desde la vejez hacia la niñez (que es como funciona la recomposición de mementos), nos encontramos dando tumbos como una peonza por la línea cronológica de Colin. ¿La máquina se ha escacharrado (usando el argot científico), o pasa algo dentro de la mente del paciente?

Tears in Heaven

Por fin, vamos a intentar aclarar la duda del párrafo de la entradilla: En este caso nos encontramos una segunda parte mucho más trabajada y enrevesada a nivel argumental que To The Moon, y sin embargo muy autoconsciente que no va a contar con el factor sorpresa de la primera. Ni es To The Moon, ni lo pretende. El giro argumental de lo que podríamos decir que le pasa al paciente, se adivina con antelación, y de hecho la trama nos lo revelará mucho antes que en la precuela. La cuestión es, una vez detectado lo que sucede, cómo lidiar con ello, e intentar a pesar de todo hacer nuestro trabajo y conceder la petición al paciente. En juego está nuestra reputación, y al fin y al cabo es triste no poder cumplir la última voluntad de alguien que ha puesto su muerte asistida en nuestras manos (además que no estaría bien visto para el negocio que los fracasos ocurran).

Sería desconsiderado no avisar que esta segunda parte, aunque no llega a los niveles que alcanzaba To The Moon en tal sentido, sí busca un efecto lacrimógeno en nosotros. Si somos vulnerables a llorar con películas, libros o series, difícilmente nos vamos a librar de echar alguna lagrimita furtiva. Sin embargo, y a pesar de la historia de Colin, son realmente Eva y Neil, los doctores, las auténticas estrellas más que nunca. Finding Paradise pone definitivamente el foco en ellos como protagonistas de la trama, y todo indica que a partir de ahora las siguiente entregas de esta saga continuarán desarrollando el auténtico argumento que, entre casos extraños de pacientes con deseos que se complicarán inevitablemente, se esconde entre bambalinas de la misteriosa Sigmund Corporation.

La Calma

Finding Paradise está disponible en español, tanto la interfaz como el texto, algo muy importante lógicamente, al ser prácticamente una novela audiovisual. Y destacable: To The Moon, por ejemplo, tardó mucho en ampliar sus idiomas más allá del inglés y el chino, y siempre gracias a parches creados por la comunidad. Así que la barrera idiomática no es excusa, en un juego donde toda la importancia recae totalmente en la historia que nos cuentan. Y es que poco más realizaremos como jugadores, aparte de vagar arriba y abajo por los escenarios, eso sí, realizados con mucho mimo. El otro añadido recurrente que nos encontraremos es un minijuego de hackeo (por llamarlo de alguna manera), muy simple y básico que recuerda al Conecta 4. Hay más minijuegos jugables que suceden ocasionalmente, pero eso ya lo dejamos para que los descubráis vosotros.

En el apartado gráfico, nuevamente nos encontramos con un juego creado con RPG Maker, y como en el caso de To The Moon: en las manos adecuadas incluso la herramienta más básica sirve para crear grandes obras. El pixel art es más que suficiente para recrear esta historia, incluso es algo que le da un plus de simpatía. A los que ya peinamos canas explicar por ejemplo por qué Final Fantasy VI nos emocionó a rabiar a pesar de los gráficos y sonidos limitados que era capaz de reproducir Super Nintendo (y que aún así eran una auténtica virguería técnica en su época), se nos hace a veces complicado. Esta saga es un ejemplo de que con ese estilo se pueden transmitir emociones y un mensaje, y calar tanto o más que una producción con un presupuesto triple A.

El artífice de todo vuelve a ser el desarrollador canadiense Kan Gao, que al igual que en To The Moon, se encarga de ser el hombre-orquesta. Gráficos, guión, desarrollo, y banda sonora son obra suya, aunque en esta ocasión ha contado con colaboraciones artísticas de renombre, tanto en ilustraciones como en canciones. En el apartado sonoro, la banda sonora vuelve a ser una delicia. Kan Gao ha vuelto a contar con la participación estelar de Laura Shigihara, que nos vuelve a regalar otra canción memorable, y el resto del libreto lo componen en su mayoría temas a piano compuestos por el propio autor de la obra, como ya sucedía en la entrega anterior, y manteniendo la coherencia en la saga.

The Show Must Go On

En conclusión: Finding Paradise puede que no haya impactado como To The Moon en su día, pero como secuela es excelente, y nos hace desear una vez acabado saber cómo continúa la historia de nuestros friki-doctores favoritos. To The Moon, más de una vez lo he nombrado como el juego ideal para una tarde de lluvia de domingo, por su temática, su profundidad engañosa con su aspecto sencillo y sin complejos, y porque al fin y al cabo son juegos que en una tarde larga los tenemos finiquitados. Con Finding Paradise ya tenemos material para dos días así; el fin de semana lluvioso perfecto.

Y aunque la historia sea profunda, plantee temas serios que invitan a la reflexión, y nos impliquen de tal manera que acabemos echando alguna lagrimita, el humor y los diálogos ácidos e ingeniosos también están muy presentes. Finding Paradise también destaca por las muchísimas referencias a películas, videojuegos, series, y otras obras populares que nos harán reír… Además, pocas veces una pareja protagonista ha tenido mejor química (y se han tirado mejor puyitas), que la formada por los carismáticos Eva y Neil. Comentaba -y mantengo- en 2012, en el artículo de To The Moon:

“Vamos a reír, preocuparnos, apasionarnos y conmovernos con los protagonistas de este “juego”, en una montaña rusa de sensaciones entremezcladas. Puede que incluso lloremos un poco. Así es To The Moon, como la vida misma.”

Lo único que pido ahora es que no tengamos que esperar otros siete largos años para seguir disfrutando de esta aventura.

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Se peleó de pequeño por hacer funcionar un ZX Spectrum, lo cuál no presagiaba nada bueno a largo plazo, aunque curiosamente él lo recuerda con cariño. Ya de mayor, sufrió un terrible accidente al retirar un USB de su puerto sin esperar a qué fuera seguro quitarlo. La catástrofe asoló medio continente, aunque la radiación le concedió el superpoder mutante de escribir sobre todo lo que a él le apasiona. Entre otras cosas, por supuesto, sobre “eso de los marcianitos”.
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